jueves, 7 de marzo de 2013

¿De quién es la responsabilidad de la crisis ambiental en Arica?


Los últimos sucesos referidos a la crisis sanitaria generada por el deplorable y vulnerable sistema de retiro de basura, ha dejado en la conciencia ciudadana un cierto resquemor de que solo la responsabilidad recae en la municipalidad. No obstante, deseo expresar que es necesario extender los límites del debate y dejar patente de que también nosotros, los ciudadanos, somos al igual que la municipalidad, responsables de confundir “la ciudad con suciedad”.

La  basura, quien se define como el producto indeseable de las actividades humanas, siempre ha estado latente en cualquier sociedad, quien solo la consideraba como un problema cuando se generaban crisis sanitarias (tal como ahora), donde luego, esta se olvidaba y se seguía como si nada hubiera pasado. Sin embargo, este problema se disparó alarmantemente desde principios y mediados del siglo XX en esta área del planeta con el crecimiento exponencial de las áreas urbanas, generando costosas operaciones para deshacerse de ella, viéndose hasta el día de hoy superadas en acción.

El caso es que paradójicamente ahora las sociedades tienen mayor tecnología y conocimiento sobre la materia, pero el problema de la basura sigue vigente y avanza más rápido que las políticas erróneamente asumidas para enfrentarla. Por ejemplo, tener como política de aseo y ornato enfocada en retirar la basura en vez de generar una política seria y de largo plazo de educación ambiental y tratamiento de la basura. O sea, estamos automedicándonos sin la receta.  Por lo tanto, lo primero en tener en cuenta es saber cuanto es la producción de basura que generamos. Actualmente la OMS considera que cada persona genera 1 kg de basura diario, donde el 50% es orgánica (frutas, verduras, lácteos) y el otro 50 % es inorgánica (metales, bolsas, productos higiénicos) teniendo Arica una producción de 212 toneladas diarias y 77.380 toneladas anualmente que para un espacio tan frágil como lo es el desierto es necesario tomar cartas en el asunto.

No obstante, para abordar este problema que nos afecta, se debe comprender que esto es solo la punta del iceberg y que el problema de fondo radica en el confuso y erróneo concepto de territorio que prima en estos lares ¿Por qué? El territorio tiene distintos significados y alcances, pero en general es entendido como el espacio apropiado, donde sus acciones dependen de sus dominantes. Estos pueden ser uno o varios actores desde una mínima escala como una persona común y corriente hasta países poderosos como E.E.U.U, China, etc. En este caso, el problema actual es que nosotros somos un agente invasor para el territorio, debido a que asumimos como territorio el espacio que habitamos, pero no el que vivimos. Me refiero a que el ciudadano inconscientemente asume su territorio como el “hogar” (para este caso, lugar que habitamos), donde uno desarrolla las actividades básicas tales como dormir, comer, actividades higiénicas, etc, las cuales van construyendo y manteniendo en este espacio un régimen de respeto y cariño ante los bienes propios y principalmente con las relaciones que existen entre los habitantes de un hogar. Sin embargo, la relación con el espacio exterior (la ciudad), existe una total falta de respeto, desconocimiento e irresponsabilidad, en donde el dicho “tierra de todos, tierra de nadie” alcanza su mayor significado. Llevando este alcance a lo que nos convoca, se cumple con cabalidad. Por ejemplo, personas tirando colillas de cigarros en las calles, presencia de latas de cerveza “cristal” o “escudo” en las playas, basura domiciliaria depositada de forma errónea (cuando es dejado a ras de suelo expuesta a animales vagos), etc.  Esta falta de “compromiso”, la pobre identidad que nos genera, debido al paradigma actual donde lo más importante es la denominación de lo “privado” sobre la “social”, nos lleva a enfrentar los problemas con soluciones parche, quienes tal como es su esencia, se transformarán en otro problema de igual complejidad o mayor (colocación de potes de basura en la administración municipal de Valcarce y Sankán en los postes de luz transformándose con el tiempo en focos de insalubridad).

Debido  a esto, los invito a todos los ciudadanos a extender su concepción del territorio contenida en el hogar a dirigirla hacia la ciudad y más, con el fin de que podamos entender de que este régimen de respeto y cariño que practicamos en los hogares, lo recuperemos hacia todo nuestro radio de acción “real” (el espacio virtual del internet, en este caso, no es parte de la discusión). Una de las maneras más efectivas para expandir el “territorio” es mediante el fortalecimiento de la comunidad expresada por la participación en las decisiones locales siendo en este caso, generar discusiones en torno a crear conciencia ambiental y plantear soluciones basadas en el largo plazo con la disposición de la basura tal como un  plan estratégico, donde sus objetivos sea disminuir el nivel de basura progresivamente y que el reciclaje y reutilización sean los fundamentos  de la sociedad ariqueña.

Por otro lado, no es mi fin defender el actuar de la municipalidad, quien a pesar de todo se ve de manos atadas por el actual cobro de servicio de aseo que exime aprox. El 70% de la población y  no identifica y responsabiliza el costo de basura por propiedad generando que la municipalidad asuma costos enormes. Sin embargo, esta no ha dispuesto de una política seria para enfrentar el problema, debido a los costos políticos al hacer un llamado de atención a los ciudadanos para que cambien su disposición de basura (menor beneficio electoral), que  promover un mejor sistema de retiro de basura. Al contrario de la comuna de Peñalolén, de situación económica media baja, quien ha asumido un plan de largo plazo que ha generado beneficios a la comunidad al disponer de programas de reciclaje y compost, mayor cantidad y recuperación de áreas verdes y programas de educación ambiental.

En fin, evitemos que el paisaje urbano ariqueño sea decorado con plásticos contaminantes y restos de comida esparcidos por animales y seamos responsables de nuestras acciones adoptando tanto el ciudadano una mayor conciencia de nuestro territorio dejando de ser ciudadanos espectadores o “ignorantes asumidos” que exigen respuestas con la menor participación, como también, nuestros cuerpos administrativos territoriales asumiendo una política de mayor envergadura y compromisos reales en solucionar el problema de la disposición de la basura, ya que NO es un problema que se genere basura, sino el mal enfoque que se tiene de esta.

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