Los últimos sucesos referidos a
la crisis sanitaria generada por el deplorable y vulnerable sistema de retiro
de basura, ha dejado en la conciencia ciudadana un cierto resquemor de que solo
la responsabilidad recae en la municipalidad. No obstante, deseo expresar que
es necesario extender los límites del debate y dejar patente de que también
nosotros, los ciudadanos, somos al igual que la municipalidad, responsables de
confundir “la ciudad con suciedad”.
La basura, quien se define como el producto
indeseable de las actividades humanas, siempre ha estado latente en cualquier
sociedad, quien solo la consideraba como un problema cuando se generaban crisis
sanitarias (tal como ahora), donde luego, esta se olvidaba y se seguía como si
nada hubiera pasado. Sin embargo, este problema se disparó alarmantemente desde
principios y mediados del siglo XX en esta área del planeta con el crecimiento
exponencial de las áreas urbanas, generando costosas operaciones para
deshacerse de ella, viéndose hasta el día de hoy superadas en acción.
El caso es que paradójicamente
ahora las sociedades tienen mayor tecnología y conocimiento sobre la materia,
pero el problema de la basura sigue vigente y avanza más rápido que las
políticas erróneamente asumidas para enfrentarla. Por ejemplo, tener como
política de aseo y ornato enfocada en retirar la basura en vez de generar una
política seria y de largo plazo de educación ambiental y tratamiento de la
basura. O sea, estamos automedicándonos sin la receta. Por lo tanto, lo primero en tener en cuenta
es saber cuanto es la producción de basura que generamos. Actualmente la OMS
considera que cada persona genera 1 kg de basura diario, donde el 50% es
orgánica (frutas, verduras, lácteos) y el otro 50 % es inorgánica (metales,
bolsas, productos higiénicos) teniendo Arica una producción de 212 toneladas
diarias y 77.380 toneladas anualmente que para un espacio tan frágil como lo es
el desierto es necesario tomar cartas en el asunto.
No obstante, para abordar este
problema que nos afecta, se debe comprender que esto es solo la punta del
iceberg y que el problema de fondo radica en el confuso y erróneo concepto de
territorio que prima en estos lares ¿Por qué? El territorio tiene distintos
significados y alcances, pero en general es entendido como el espacio
apropiado, donde sus acciones dependen de sus dominantes. Estos pueden ser uno
o varios actores desde una mínima escala como una persona común y corriente
hasta países poderosos como E.E.U.U, China, etc. En este caso, el problema
actual es que nosotros somos un agente invasor para el territorio, debido a que
asumimos como territorio el espacio que habitamos, pero no el que vivimos. Me
refiero a que el ciudadano inconscientemente asume su territorio como el
“hogar” (para este caso, lugar que habitamos), donde uno desarrolla las
actividades básicas tales como dormir, comer, actividades higiénicas, etc, las
cuales van construyendo y manteniendo en este espacio un régimen de respeto y
cariño ante los bienes propios y principalmente con las relaciones que existen
entre los habitantes de un hogar. Sin embargo, la relación con el espacio
exterior (la ciudad), existe una total falta de respeto, desconocimiento e irresponsabilidad,
en donde el dicho “tierra de todos, tierra de nadie” alcanza su mayor
significado. Llevando este alcance a lo que nos convoca, se cumple con
cabalidad. Por ejemplo, personas tirando colillas de cigarros en las calles,
presencia de latas de cerveza “cristal” o “escudo” en las playas, basura
domiciliaria depositada de forma errónea (cuando es dejado a ras de suelo
expuesta a animales vagos), etc. Esta
falta de “compromiso”, la pobre identidad que nos genera, debido al paradigma actual
donde lo más importante es la denominación de lo “privado” sobre la “social”, nos
lleva a enfrentar los problemas con soluciones parche, quienes tal como es su
esencia, se transformarán en otro problema de igual complejidad o mayor
(colocación de potes de basura en la administración municipal de Valcarce y
Sankán en los postes de luz transformándose con el tiempo en focos de
insalubridad).
Debido a esto, los invito a todos los ciudadanos a
extender su concepción del territorio contenida en el hogar a dirigirla hacia
la ciudad y más, con el fin de que podamos entender de que este régimen de
respeto y cariño que practicamos en los hogares, lo recuperemos hacia todo
nuestro radio de acción “real” (el espacio virtual del internet, en este caso,
no es parte de la discusión). Una de las maneras más efectivas para expandir el
“territorio” es mediante el fortalecimiento de la comunidad expresada por la
participación en las decisiones locales siendo en este caso, generar
discusiones en torno a crear conciencia ambiental y plantear soluciones basadas
en el largo plazo con la disposición de la basura tal como un plan estratégico, donde sus objetivos sea
disminuir el nivel de basura progresivamente y que el reciclaje y reutilización
sean los fundamentos de la sociedad
ariqueña.
Por otro lado, no es mi fin
defender el actuar de la municipalidad, quien a pesar de todo se ve de manos
atadas por el actual cobro de servicio de aseo que exime aprox. El 70% de la
población y no identifica y
responsabiliza el costo de basura por propiedad generando que la municipalidad
asuma costos enormes. Sin embargo, esta no ha dispuesto de una política seria
para enfrentar el problema, debido a los costos políticos al hacer un llamado
de atención a los ciudadanos para que cambien su disposición de basura (menor
beneficio electoral), que promover un
mejor sistema de retiro de basura. Al contrario de la comuna de Peñalolén, de
situación económica media baja, quien ha asumido un plan de largo plazo que ha
generado beneficios a la comunidad al disponer de programas de reciclaje y
compost, mayor cantidad y recuperación de áreas verdes y programas de educación
ambiental.
En fin, evitemos que el paisaje
urbano ariqueño sea decorado con plásticos contaminantes y restos de comida
esparcidos por animales y seamos responsables de nuestras acciones adoptando
tanto el ciudadano una mayor conciencia de nuestro territorio dejando de ser
ciudadanos espectadores o “ignorantes asumidos” que exigen respuestas con la
menor participación, como también, nuestros cuerpos administrativos
territoriales asumiendo una política de mayor envergadura y compromisos reales
en solucionar el problema de la disposición de la basura, ya que NO es un
problema que se genere basura, sino el mal enfoque que se tiene de esta.
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